
Cuentista
En una ciudad desierta, sólo se escucha el pedal desvencijado de una bicicleta vieja, más parecida a un triciclo que a un biciclo. Montado sobre él viaja un cuentista. Giraba y saltaba en su biciclo desafiando la gravedad, pues el cuentista, no creía en ella.
lunes, 11 de agosto de 2008
Feroz

Sólo atisbé a preguntarle sobre sus horarios, obligaciones, quizá ese fue el error. Solo quería escuchar su voz. Incluso dudaba que al menos él la hubiera escuchado ese día.
Pero me agarró por detrás, traicioneramente, me contestaba como si no fuera el mismo que compartía tardes de fin de semana conyugales, como si nunca hubieramos anochecido al amanecer y amanecido al atardecer juntos.
Me tenía entre sus pesuñas y de a poco me convencía de que yo era un ogro. Mientras esa imágen se definía, él crecía más, mucho más. Hasta que el pequeño ogro no podía ya hacer sonar su propia voz y se apagó.
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