Cuentista

En una ciudad desierta, sólo se escucha el pedal desvencijado de una bicicleta vieja, más parecida a un triciclo que a un biciclo. Montado sobre él viaja un cuentista. Giraba y saltaba en su biciclo desafiando la gravedad, pues el cuentista, no creía en ella.

viernes, 9 de mayo de 2008

Abismo


suspiró profundo y saltó. le gustaba sentir el vértigo de la caída, el viento en la cara. un salto casi perfecto, lineal, como todos. pero los de ella tenían un encanto aun mayor, quizá su contextura física, era un cuerpito estrecho y derecho. era flexible y rígida, y sus saltos eran lo suyo.
ella lo sabía y con eso jugaba, pero no hacía piruetas como las demás, solo extendía sus brazos y esperaba con los ojos cerrados el contacto con el agua. la delicia de aquella caída podía disfrutarla sin escrúpulos ni pretensiones.
ese día estaba profundamente concentrada, sabía que la observaba, desde algún sitio. le penetraba su mirada sin saber siquiera desde dónde. siempre subía hasta la 7, pero ese día solo se atrevió a llegar a la 5º plataforma. al asomarse al borde, buscó a duras penas con la mirada a aquel muchacho con quien nada había compartido más que una merienda accidental. y ahora estaba allí expectante a su salto que debía ser al menos limpio. aquel encuentro para ella había sido una coincidencia en la cual se desorientaba. su tía había llevado a su casa a cierta amiga de la infancia, a la que acompañaba cierto hijo menor. este niño resultó predominante.
mientras se precipitaba con furiosa velocidad, pensó que no quería decepcionarlo, se había estirado frente a él. su destreza en el salto no era lo que más la enorgullecía, de hecho era algo casi natural. para ella consistía en mentalizar alguna emoción, alguna imagen atractiva que le produzca placer o alguna frase no deseada que producía desprecio, entonces el salto era más fugaz. pero no sabía saltar de algún modo particular.
de todos modos sabía que él no la juzgaría. los chicos no la apasionaban, no solía entenderse con ellos. pero Tom era distinto, soñaba al igual que todos, pero sembraba al mismo tiempo aquella inquietud en todo el que comparta una plática con él.
disfrutaba recordando aquel encuentro. el niño locamente compenetrado en su historia, y ella sorprendida de ser comprendida. nunca nadie le había dicho que estaba encaminada, más bien solía escuchar que debía elegir, que madurar consistía en seguir una dirección. Tom le resultaba mucho más maduro que todas aquellas opiniones ignorantes, y aun podría haberle enseñado cuál era el sendero que ella prefría.
el impacto en el agua helada le anuló todos estos pensamientos. comenzó a hamacarse para salir a la superficie.
no reconocía todas aquellas miradas preocupantes que le rodeaban. estaba mojada y molesta, le dolía la cabeza. tenía una malla profesional puesta, entonces miró a su entorno: una picina. la mancha de sangre en el borde de cemento delató el incidente. prefirió estar muerta. solo un personaje, un tanto extraño, como 10 años menor que ella, la esperanzó. la miraba con ojos de extrañeza y era el único que no hacía el fracasado intento de recordarle algo.

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