
Cuentista
En una ciudad desierta, sólo se escucha el pedal desvencijado de una bicicleta vieja, más parecida a un triciclo que a un biciclo. Montado sobre él viaja un cuentista. Giraba y saltaba en su biciclo desafiando la gravedad, pues el cuentista, no creía en ella.
martes, 6 de mayo de 2008
Di dietro

sentía cómo cada gota de aire pesaba sobre sus hombros y se transformaba en sudor. pensó que ridiculizaría, que debía estar ya muy colorada. no, no debía saludarlo. acaso no podía controlar sus emociones? esta situación tan simple la llevó a todo esto que no la despertó. prefirió disimular, miraba por la ventana empañada el paizaje de la ciudad fría y gris, porque tenia que ser gris. podría tener algúin color si al menos aquel percance no hubiera interferido tanto en su ánimo.
pero no, no había caso, perdería, así habia sido siempre con él. cómo hubiera deseado disfrutarlo sin saber, conocerlo después que él pudiera conocerla. ahora nunca pasaría, jamás se abriría a su juicio. claro, el temor le carcomia los simientos. dejaba de ser ella para ser meramente una, no tenía valores, no era diferente si él estaba.
se había sentado justo detrás suyo, pero ella estaba demasiado compenetrada en estas ideas como para haber reparado en algo desde que vio su figura en la parada del bondi. tenía la costumbre de cantinetear todo el día y no tardó en reconocerlo. no pasaron dos minutos que ya estaba reproduciendo alguno de esos temas un tanto singulares. es que no era cualquir tipo de rock, más bien le gustaba la vanguardia, esta vez era spinetta. ella, que estaba dispersa y de golpe todo esto le sonó muy familiar, tomó el libro que tenía en sus manos (en solo una sugerencia a leer, porque descansaba ahí desde que se sentó), abrió la página que marcaba el separador, y clavó la mirada ahí. claro que ahora tampoco leía, lo hacía de reflejo no más.
su voz era chillona y aun asi, a sabiendas, le resultaba de lo más dulce. ahora disfrutaba, de espaldas, sin exponerse a la necesidad de reflejar una expresión, nisiquiera eso. él podía olerla, tocarla, pero no podía verla ni escucharla. era placentero.
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